Foto tomada de Fotos Medellín
En la historia de La Unión hay un personaje que sigue despertando curiosidad más de medio siglo después de su muerte. Se trata de Félix María Restrepo Londoño, conocido popularmente como «El Tuso», un hombre cuya profunda formación intelectual, sus conocimientos en medicina tradicional y sus ideas adelantadas para su época dieron origen a innumerables mitos que aún permanecen vivos entre los habitantes del municipio.
Nacido el 21 de diciembre de 1884 en la vereda Guarango, Félix María provenía de una familia de agricultores y ganaderos descendiente de algunos de los colonizadores y fundadores de La Unión. Desde muy joven mostró una insaciable pasión por la lectura, estudiando en Medellín antes de viajar a Bogotá para ingresar a la Universidad Republicana, donde cursó Derecho y amplió su formación en filosofía, medicina, ingeniería, astronomía y literatura. Allí tuvo contacto con destacados intelectuales liberales que marcarían definitivamente su pensamiento.
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Su visión del mundo, basada en la razón, el conocimiento científico y la libertad de pensamiento, lo llevó a estudiar a filósofos como Kant, Rousseau, Voltaire, Ortega y Gasset, además de los clásicos griegos. Defendía la educación como herramienta para combatir la desigualdad, cuestionaba el fanatismo religioso y promovía ideas progresistas para comienzos del siglo XX, como la igualdad de la mujer y la importancia de preservar el medio ambiente.
Sin embargo, sus posiciones también le trajeron dificultades. Un artículo publicado durante su época universitaria ocasionó su expulsión de la institución y la negativa de su título profesional. Tras regresar a La Unión en 1910, abandonó definitivamente la carrera jurídica para dedicarse por completo al estudio de la filosofía y al servicio de la comunidad.
Un líder comunitario
Lejos de encerrarse únicamente en los libros, Félix María participó activamente en el desarrollo del municipio. Asesoró a dirigentes locales, apoyó el proceso que permitió convertir a La Unión en municipio, impulsó la construcción del primer acueducto y prestó atención médica utilizando plantas medicinales, sin cobrar por sus servicios.
Además, ofrecía conferencias abiertas los domingos, donde invitaba a los habitantes a cuestionar las ideas establecidas y a desarrollar pensamiento crítico. Sus enseñanzas le generaron seguidores, pero también detractores, e incluso llegó a ser encarcelado por algunas de sus intervenciones.
¿Filósofo o brujo?
Con el paso de los años comenzó a construirse alrededor de su figura una leyenda que aún perdura. Su aspecto llamaba la atención: caminaba descalzo, llevaba una larga barba, el cabello crecido y vestía ropa sencilla. Vivía rodeado de libros en una antigua vivienda que, debido al abandono y la vegetación, muchos confundían con una cueva.
Aquella imagen alimentó rumores sobre supuestos rituales, pasadizos secretos y prácticas esotéricas. Sin embargo, quienes lo conocieron sostienen que nunca fue un brujo, sino un hombre dedicado al estudio de la filosofía, el espiritismo entendido como reflexión espiritual y la investigación de la naturaleza.
En sus últimos años afirmaba mantener diálogos filosóficos con pensadores del pasado y dejó numerosos escritos que, según familiares e investigadores, permanecen inéditos o aún no han sido completamente interpretados.

Un legado que permanece
Félix María falleció en 1964, poco antes de cumplir 80 años. Por voluntad propia no fue sepultado en el cementerio católico debido a sus diferencias con la doctrina religiosa, sino en los terrenos de su propia casa, lugar donde actualmente se encuentra un monumento en su memoria.
Quienes compartieron con él lo recuerdan como un hombre generoso, de extraordinaria inteligencia y profundamente comprometido con el conocimiento. Para muchos fue el personaje que enseñó a varias generaciones de unionenses a cuestionar, leer y pensar por sí mismas, mientras que para otros siempre será el misterioso «brujo» del Guarango.
Hoy, más de seis décadas después de su muerte, la figura de Félix María Restrepo Londoño continúa siendo uno de los personajes más fascinantes de la historia de La Unión, un hombre cuya vida quedó suspendida entre la filosofía y la leyenda.

