Cada semana, Laura Giraldo Valencia abre el congelador de su casa y entrega entre 10 y 14 frascos de leche materna al Banco de Leche del Hospital General de Medellín. No conoce a los bebés que recibirán ese alimento, pero sabe que muchos de ellos dependen de ese gesto para tener una mejor oportunidad de vida.
A sus 25 años, esta madre de dos hijos participa en la modalidad familiar de Buen Comienzo, programa de primera infancia de la Alcaldía de Medellín. Desde que su hija Emma tenía apenas tres días y medio de nacida, decidió convertir el excedente de su producción de leche en un acto de solidaridad.
Cada lunes, personal especializado del Hospital General llega hasta su vivienda en un vehículo refrigerado para recoger los frascos cuidadosamente rotulados con la fecha y la hora de extracción. Cada uno contiene entre 13 y 16 onzas de leche materna que será destinada a recién nacidos hospitalizados, especialmente prematuros o con condiciones médicas que requieren este alimento.
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Una experiencia que comenzó con su primer hijo
La idea de donar no nació con Emma. Cinco años atrás, cuando nació Jacobo, Laura también producía una gran cantidad de leche y quiso convertirse en donante. Sin embargo, en ese momento debía desplazarse personalmente hasta el hospital para realizar la entrega, una dificultad que le impidió hacerlo.
Aun así, encontró otra manera de ayudar. Durante varios meses también alimentó al hijo de un familiar cuya madre no podía amamantar debido a complicaciones de salud.
El acompañamiento de Buen Comienzo fue determinante
Durante su segundo embarazo ingresó a la modalidad familiar de Buen Comienzo, donde recibió orientación permanente sobre gestación, parto y lactancia.
Allí conoció a una de las doulas del programa, quien la acompañó durante los primeros días posteriores al nacimiento de Emma, ayudándola a corregir problemas de agarre, postura y dolor durante la lactancia.
Laura reconoce que ese apoyo fue decisivo para continuar con el proceso.
«Sin la doula, creo que no hubiera seguido con la idea de donar», afirma.
Un gesto que puede salvar vidas
Aunque hoy dona de manera constante, Laura considera que aún existe poco conocimiento sobre la posibilidad de convertirse en donante de leche materna.
Fue ella misma quien, tras una búsqueda en internet y redes sociales, encontró el contacto del Banco de Leche del Hospital General de Medellín y decidió ofrecer su ayuda.
Desde entonces, cada frasco que llena representa mucho más que alimento. Para ella es una forma de agradecer al sistema de salud, luego de que años atrás su hijo Jacobo permaneciera hospitalizado durante 20 días debido a una grave infección pulmonar.
«Esa fue mi manera de devolver un poco de todo lo que hicieron por nosotros», recuerda emocionada.
Un acto silencioso de solidaridad
Mientras miles de madres alimentan exclusivamente a sus hijos, Laura también alimenta la esperanza de familias que atraviesan momentos difíciles en unidades neonatales.
Su historia demuestra que la donación de leche materna puede convertirse en un puente entre familias que nunca llegarán a conocerse, pero que quedan unidas por un gesto profundamente humano: compartir vida a través de la leche materna.


