Criada en una familia campesina de El Santuario, Erika Giraldo Gallego ganó en España el Premio Hernández Morejón.
Hay historias que comienzan en los grandes laboratorios del mundo. Otras nacen mucho antes, entre el barro de una vereda, el olor de la tierra húmeda y las madrugadas de trabajo en el campo. La de Erika Giraldo Gallego comenzó así.
En la vereda El Salto, en El Santuario (Antioquia), aprendió de su familia campesina que sembrar exige paciencia, que ninguna cosecha llega de la noche a la mañana y que el esfuerzo siempre encuentra su recompensa. Décadas después, esa misma filosofía la llevaría a recorrer miles de kilómetros hasta Barcelona, España, donde acaba de recibir uno de los reconocimientos más importantes para un investigador en historia de la medicina.
Hoy, el nombre de Erika ya no solo representa a su municipio. También hace parte de la élite académica internacional.
La investigadora santuariana fue galardonada con el Premio Hernández Morejón, entregado por la Sociedad Española de Historia de la Medicina a la mejor tesis doctoral defendida durante 2025.
Se trata de uno de los reconocimientos más prestigiosos de Europa en esta disciplina, reservado para investigaciones que aportan nuevos conocimientos sobre la historia de la medicina, la ciencia y la sociedad.
Su tesis lleva un título tan largo como profundo: «Educar, medicalizar y corregir. Una aproximación desde las biopolíticas y el género a la construcción de las infancias anormales en Antioquia, Colombia (1920-1948)».
Pero detrás de esas palabras técnicas existe una pregunta profundamente humana. ¿Cómo una sociedad decidió que algunos niños eran «anormales»?
Durante varios años Erika revisó expedientes médicos, archivos, documentos institucionales y registros históricos para reconstruir cómo, entre 1920 y 1948, miles de niños y niñas antioqueños fueron clasificados bajo categorías creadas por la medicina, la educación y el Estado.
Su investigación muestra cómo conceptos relacionados con el género, la pobreza, la discapacidad, la salud y la conducta fueron utilizados para etiquetar a muchos menores desde muy temprana edad.
No es solo una investigación sobre medicina. Es una investigación sobre la infancia, la memoria y la manera como una sociedad entendía a quienes eran diferentes.
Aunque hoy trabaja en la Unidad de Historia de la Medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona, Erika nunca dejó atrás sus raíces.
Sigue hablando con orgullo de El Santuario, del campo donde creció y de la familia que le enseñó que estudiar también podía ser una forma de sembrar.
Con disciplina, una beca y muchos años de estudio logró abrirse camino hasta obtener el título de Doctora (PhD) en Historia de la Ciencia por la Universidad Autónoma de Barcelona, una de las instituciones académicas más importantes de Europa. Su recorrido demuestra que el talento no depende del lugar donde se nace.
Mientras en Barcelona celebraban una investigación que hoy es referente internacional, en El Santuario también había motivos para celebrar. Porque detrás del premio no solo está una tesis doctoral. Está la historia de una joven campesina que convirtió la curiosidad en conocimiento y el conocimiento en un reconocimiento internacional.
Su logro recuerda que desde los municipios del Oriente antioqueño también se hace ciencia de talla mundial. Y que muchas veces las historias más grandes comienzan en los lugares más pequeños.
Para El Santuario, el nombre de Erika Giraldo Gallego ya hace parte de esa lista de personas que llevan el nombre del municipio más allá de las fronteras de Colombia. No desde un escenario deportivo ni desde un cargo público. Sino desde los libros, los archivos, la investigación y el conocimiento. Porque también hay quienes cambian el mundo escribiendo la historia.


