Nuevo informe destapa casos de abusos en la Iglesia en América Latina: Colombia concentra la mayoría; hay un cardenal implicado
Un nuevo informe entregado al Dicasterio para la Doctrina de la Fe, elaborado por el diario El País, encendió las alertas sobre abusos dentro de la Iglesia católica en América Latina. El documento, de más de mil páginas, expone una serie de denuncias que durante años no habrían tenido eco en las instancias correspondientes, reúne 21 testimonios que involucran a 24 religiosos y laicos. De estos, 13 están relacionados con hechos ocurridos en Colombia.
Más allá de las cifras, el informe deja en evidencia un problema estructural: muchas de estas denuncias nunca fueron reportadas a Roma, pese a que existe una obligación formal desde 2001. En varios casos, las víctimas aseguran haber encontrado silencio o respuestas insuficientes por parte de autoridades eclesiásticas.
Un relato que expone años de silencio
En medio de este panorama, uno de los testimonios incluidos en el dossier ha generado especial impacto en Colombia.
Se trata del relato de un hombre que asegura haber sido víctima de abusos desde su adolescencia, en la década de los 80, cuando se encontraba en una situación de extrema vulnerabilidad. Según su versión, tras llegar a Bogotá sin recursos, encontró refugio en un entorno religioso de la localidad de Fontibón de la capital, donde inicialmente recibió ayuda, pero que luego se convirtió en un espacio de sometimiento.
El denunciante relata que las primeras agresiones ocurrieron bajo la promesa de alimentación y alojamiento. Con el tiempo, dice, la situación se volvió recurrente y se extendió durante varios años, en los que permaneció ligado a ese entorno por miedo a quedar nuevamente en la calle.
De acuerdo con su testimonio, que también fue expuesto en el programa 6:00 A.M. W, en ese contexto también habría conocido al entonces arzobispo de Bogotá, el cardenal Pedro Rubiano Sáenz (quien falleció en 2024), lo que —según afirma— profundizó el ciclo de abusos y la imposibilidad de escapar.
“Se sentó conmigo en las sillas de atrás, quería besarme los pies, me besó las manos, me masturbó y me practicó sexo oral”, narró. Andrés dice que intentó resistirse a una penetración y que reaccionó con violencia cuando llegó el otro clérigo. Tenía 15 años. “No pude escaparme porque irme era volver a vivir en las calles de una ciudad que no conocía”, dice, señalando que lo amenazaron con ello. Los encuentros con Rubiano, afirma, se repitieron al menos dos veces al mes entre mayo y diciembre de 1983, en la casa cural de la catedral de Fontibón, al occidente de la capital colombiana. La situación se prolongó, según su testimonio, hasta 1989 o 1990″, según el testimonio divulgado por Julio Sánchez Cristo en el programa ya mencionado.
El impacto de lo vivido no terminó con el paso del tiempo. El hombre asegura que las secuelas han marcado su vida durante décadas, afectando su estabilidad emocional, su salud y sus posibilidades laborales.
También afirma que intentó denunciar los hechos en diferentes momentos, incluso ante autoridades eclesiásticas, pero que no obtuvo respuestas concretas ni procesos efectivos. Uno de los casos más recientes ocurrió en 2021cuando se reunió con el hoy cardenal y arzobispo de Bogotá, Luis José Rueda Aparicio, quien luego de escuchar su testimonio le prometió ayuda psicológica, jurídica y económica, «salvo por algunas terapias, la promesa quedó en nada», dijo la víctima. El prelado no ha respondido a estos señalamientos.
De igual manera ocurrió, según cuenta, con Paolo Rudelli, nuncio en Colombia entre 2023 y 2026, y que el papa León XIV designó en el tercer cargo de más importancia en el Vaticano, el de sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado.
Su caso, como otros recogidos en el informe, refleja una constante: víctimas que tardaron años en hablar y que, cuando lo hicieron, no encontraron canales claros de atención ni reparación.
Un problema más amplio
El informe también describe patrones que se repiten en distintos países de la región: estructuras de poder cerradas, figuras religiosas con alta influencia social y entornos donde las víctimas enfrentaban barreras para denunciar.
Asimismo, advierte sobre el traslado de religiosos señalados en otros países hacia América Latina, lo que habría facilitado la continuidad de conductas indebidas sin mayores controles.
Para los investigadores, la situación evidencia que, a diferencia de otras regiones del mundo, en gran parte de la Iglesia latinoamericana aún hay retos pendientes en materia de transparencia, justicia y acompañamiento a las víctimas.
Lo que viene
Ahora, el Vaticano deberá analizar el contenido del informe y definir si abre investigaciones formales sobre los casos documentados.
Mientras tanto, las denuncias vuelven a poner sobre la mesa una discusión de fondo: la necesidad de garantizar que estos hechos no queden en el silencio y que las víctimas encuentren respuestas reales después de años de espera.


