Pocos objetos en la historia del deporte han acumulado tantas historias, enigmas y episodios inesperados como la Copa Jules Rimet, el primer trofeo entregado en la Copa Mundial de la FIFA World Cup entre 1930 y 1970, antes de su desaparición definitiva.
El origen del trofeo se remonta a 1928, cuando la entonces naciente organización del fútbol mundial, la FIFA, encargó su diseño al orfebre francés Abel Lafleur. La pieza, elaborada en plata bañada en oro y con base de piedra semipreciosa, representaba a Niké, la figura de la victoria, y se convirtió en el símbolo máximo del fútbol durante cuatro décadas.
De Montevideo a la guerra: el trofeo que viajó por el mundo
El trofeo debutó en el primer Mundial disputado en Uruguay en 1930, donde fue entregado al capitán José Nasazzi tras la consagración de la selección anfitriona. Desde entonces, inició un recorrido que lo llevó por distintos países campeones y contextos históricos, incluidos los torneos de Italia en 1934 y 1938.
Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, la Copa dejó de circular oficialmente y pasó a una etapa de resguardo clandestino. En ese periodo, la pieza llegó a estar oculta en condiciones improvisadas por dirigentes del fútbol europeo, ante el temor de que fuera confiscada o destruida durante el conflicto.
Finalizada la guerra, el torneo regresó en 1950 en Brasil, donde Uruguay volvió a levantar el trofeo en el histórico Maracanazo, uno de los episodios más recordados del fútbol mundial.
Robos, hallazgos inesperados y versiones contradictorias
A lo largo de los años, la Copa Jules Rimet estuvo rodeada de hechos que alimentaron su leyenda. Uno de los más conocidos ocurrió en 1966, en Inglaterra, cuando el trofeo fue sustraído durante una exposición pública previa al Mundial.
El robo generó una investigación nacional y una búsqueda intensiva por parte de las autoridades británicas. Sin embargo, el desenlace tomó un giro inesperado: la copa fue encontrada días después por un perro llamado Pickles, mientras su dueño paseaba en un barrio residencial de Londres.
El hallazgo convirtió al animal en una figura nacional y permitió que Inglaterra utilizara el trofeo en el Mundial de ese año, en el que la selección anfitriona se consagró campeona.
Brasil, el último campeón y la desaparición definitiva
En 1970, tras ganar su tercer título mundial, la selección de Brasil obtuvo el derecho a conservar el trofeo en propiedad. La pieza fue instalada en la sede de la Confederación Brasileña de Fútbol, donde permaneció hasta 1983, cuando fue robada en circunstancias aún no completamente esclarecidas.
Aunque algunos responsables fueron capturados, la Copa nunca fue recuperada. La versión más aceptada indica que el trofeo fue fundido para vender su oro en el mercado ilegal, aunque otras teorías sugieren que pudo haber sido conservado en secreto.
Un objeto que se convirtió en mito
Con el paso del tiempo, la Copa Jules Rimet dejó de ser solo un trofeo deportivo para convertirse en un objeto rodeado de misterio. Su historia incluye episodios de guerra, robos, rescates inesperados y desapariciones que han alimentado investigaciones, libros y teorías durante décadas.
La propia FIFA reconoce que el trofeo original ya no existe físicamente, lo que ha reforzado aún más su estatus como una de las reliquias más enigmáticas del deporte.
Hoy, su legado sigue presente en la memoria del fútbol mundial como el primer gran símbolo de la competencia más importante del planeta, una copa que pasó de manos de campeones a convertirse en un verdadero “santo grial” del deporte.
El trofeo actual de la Copa del Mundo
Tras la desaparición del trofeo original, la FIFA encargó un nuevo diseño en 1974, el cual es el que se utiliza hasta la actualidad en la FIFA World Cup.
El nuevo trofeo fue creado por el artista italiano Silvio Gazzaniga. Está elaborado en oro macizo de 18 quilates y representa a dos figuras humanas sosteniendo el globo terráqueo. Mide aproximadamente 36,8 centímetros de altura y tiene un peso cercano a los 6,1 kilogramos.
A diferencia del trofeo anterior, este no pasa definitivamente a manos del campeón. El equipo ganador solo lo conserva temporalmente, ya que el original permanece bajo custodia de la FIFA en Suiza y es entregado únicamente para la ceremonia de premiación.
Además, desde 2006 se estableció un sistema en el que las selecciones campeonas reciben una réplica oficial personalizada, mientras el trofeo original regresa inmediatamente a su sede tras la final.
De esta forma, el fútbol mundial pasó de una copa que desapareció entre robos y guerras, a un trofeo altamente protegido y controlado, convertido en uno de los objetos más vigilados del deporte global.


