El discurso de seguridad, la figura del “Tigre” y una campaña emocional le permitieron convertirse en el candidato más votado de la derecha.
La primera vuelta presidencial de 2026 dejó una de las mayores sorpresas de la política colombiana reciente: el contundente ascenso de Abelardo de la Espriella como principal figura de la derecha, superando ampliamente a la candidata del Centro Democrático, Paloma Valencia, quien durante meses fue considerada una de las favoritas para representar ese sector político.
Los resultados evidenciaron una migración significativa del electorado de derecha hacia la campaña de De la Espriella, quien logró construir una narrativa distinta a la del uribismo tradicional y presentarse como una alternativa antisistema, pese a compartir buena parte de sus banderas ideológicas.
El “Tigre”: un símbolo simple y poderoso
Uno de los elementos más exitosos de la campaña de Abelardo de la Espriella fue la construcción de una marca política fácilmente reconocible alrededor de la figura del “Tigre”.
El símbolo proyectó mensajes de fuerza, autoridad, liderazgo y mano dura contra la delincuencia, convirtiéndose en una identidad visual que trascendió los discursos tradicionales de campaña.

Mientras otros candidatos centraban sus esfuerzos en programas y debates técnicos, la campaña de De la Espriella apostó por una narrativa emocional basada en símbolos fácilmente recordables por los electores.
La figura del Tigre apareció en eventos, piezas gráficas, redes sociales y discursos, convirtiéndose en un elemento de identificación para miles de simpatizantes.
Seguridad y autoridad: el mensaje que conectó con la derecha
Otro factor determinante fue el énfasis permanente en temas de seguridad, orden público y lucha contra el crimen.
La campaña posicionó a De la Espriella como un candidato de “mano dura”, inspirado en modelos internacionales como los promovidos por líderes que han basado su popularidad en políticas de seguridad estrictas, como Trump, Milei y Bukele.
Este mensaje encontró eco entre sectores ciudadanos preocupados por el incremento de fenómenos como la extorsión, el narcotráfico, las estructuras criminales y la inseguridad urbana.

Para muchos votantes de derecha, Abelardo representó una opción más contundente y disruptiva que la propuesta institucional presentada por Paloma Valencia.
La imagen de familia y cercanía
Los analistas también destacan que la campaña logró humanizar la figura de De la Espriella mediante mensajes relacionados con la familia, los valores tradicionales, la protección de los hijos y la defensa de principios conservadores.
La estrategia buscó proyectarlo no solo como un abogado exitoso o un líder político, sino como un padre de familia y un ciudadano común preocupado por el futuro del país.
Ese componente emocional permitió ampliar su conexión con votantes conservadores y sectores religiosos que históricamente tienen un peso importante en las elecciones colombianas.
¿Por qué Paloma Valencia perdió terreno?
Diversos análisis coinciden en que Paloma Valencia enfrentó el reto de representar simultáneamente al uribismo tradicional y a un electorado que demandaba renovación.
Mientras De la Espriella se vendía como el candidato de “los nunca”, es decir, alguien ajeno a la política tradicional, Valencia cargó con la imagen de pertenecer al establecimiento político y a una estructura partidista consolidada.

La disputa entre ambos fue tan intensa que en las últimas semanas de campaña protagonizaron enfrentamientos públicos por el liderazgo de la derecha colombiana.
Finalmente, los resultados mostraron que una parte importante del electorado conservador optó por la narrativa de renovación y confrontación propuesta por De la Espriella.
El reto para la segunda vuelta
De cara a la segunda vuelta presidencial del próximo 21 de junio, los analistas señalan que el desafío principal para Abelardo de la Espriella será ampliar su base electoral más allá de la derecha tradicional.
Entre los factores que podrían resultar determinantes se encuentran:
- Consolidar el apoyo de los votantes de Paloma Valencia.
- Mantener movilizado el electorado conservador que lo respaldó en primera vuelta.
- Reducir la percepción de polarización entre sectores moderados.
- Atraer votantes independientes y de centro.
- Convertir el respaldo emocional de la campaña en una propuesta capaz de atraer nuevos sectores sociales.
La segunda vuelta se perfila como una competencia donde, además de conservar el voto propio, los candidatos necesitarán conquistar a millones de ciudadanos que en la primera ronda respaldaron otras opciones políticas o se abstuvieron de participar.
Una campaña marcada por los símbolos
Más allá de los resultados, la campaña de Abelardo de la Espriella deja una lección política relevante: en la era de las redes sociales y la comunicación digital, los símbolos, las emociones y la construcción de identidad pueden tener un peso tan importante como las propuestas programáticas.
El Tigre, los gestos de campaña, los mensajes de autoridad, los discursos de seguridad y la narrativa de defensa de la familia terminaron convirtiéndose en herramientas que le permitieron conectar con una parte importante del electorado colombiano y posicionarse como uno de los protagonistas de la contienda presidencial de 2026.


