Relato: «Sin pasaporte al otro lado del mundo».

«Para ese momento, 3 horas después de haber llegado a Estambul, los policías me habían llevado a otra salita (esta vez de Migración Turquía) donde me reseñaron, me tomaron las huellas y me sacaron fotos, así como en las películas».

El viaje estaba planeado hacía un año, pero ese día me desperté ansioso, inquieto, nervioso. Y como dirían las mamás: “mijo, hágale caso al instinto”, ya que luego de 25 horas de vuelo y tras haber volado por encima de varios países, el momento de la llegada a Turquía se convirtió en una de las experiencias más angustiantes que haya vivido a mis casi 40.

Durante la salida de Rionegro y la llegada al aeropuerto de Madrid España no hubo mayor inconveniente, excepto por las extenuantes 12 horas dentro de un avión gigante, el cambio de tiempo de 6 horas de diferencia con Colombia, la conversión de pesos a euros y una espera de 8 horas para poder continuar en escala hacia el aeropuerto de Estambul.

Cuando por fin habíamos llegado a Turquía, uno de los países del viejo continente europeo más emblemáticos en la historia de la humanidad, empezó la novela: No sé si por el cansancio o por la bisoñada de estar tan lejos de mi tierrita, me bajé acelerado, le eché mano a mi morralito y no me percaté de que mi pasaporte se había caído por debajo de la silla.

Ya habíamos caminado un buen trayecto, antes de pasar a migración, cuando noté la ausencia de mi pasaporte. De manera ingenua mi esposa y yo nos devolvimos corriendo a buscar la tripulación del avión, pero nunca lo encontramos, pues el aeropuerto de Estambul es uno de los más grandes del mundo, tiene entradas y salidas por todos lados, y para colmo, la mayoría de los aviones son de la aerolínea Turkish Airlines ¡Igualiticos todos! No era tan fácil como reclamar una encomienda en la Terminal del Norte o del Sur.

Como mi Dios nos ayudó y con nuestro inglés machetero intentamos que el personal de información nos entendiera la situación, pero también fracasamos en el intento porque allá todos hablan turco, un idioma muy parecido al árabe.

Cansados y doblemente angustiados, fuimos a las oficinas de la aerolínea a exponer el caso, ayudados por el traductor de Google de nuestros celulares, que por fortuna los habíamos recargado con tarjetas SIM internacionales. Pero de nada sirvió, porque allí sólo se remitieron a decirnos que ya habían buscado en el avión y el pasaporte no estaba. Nos recomendaron entonces hablar con la embajada, por lo que buscamos en la página web de la Cancillería de Colombia, pero ¡oh sorpresa!, todos los contenidos estaban en inglés.

Para ese momento ya había transcurrido más de una hora después de nuestro arribo, por lo que el guía de la agencia de viajes con la que contratamos el tour nos llamó preocupado. Al contarle la situación nos sugirió ir a la policía turca a narrar la situación, sin imaginarnos que a partir de ese momento iba a pasar a ser casi que un delincuente más.

Inicialmente, en su particular idioma, nos dieron a entender que mirarían en las cámaras para ver dónde podría haber botado el pasaporte; nos llevaron a una salita, parecidas a las de Alerta Aeropuerto, y nos sentaron al lado de una señora que al perecer estaba detenida, mientras ellos veían un partido de fútbol turco.

Al cabo de una hora nos llevaron nuevamente a la estación de la policía aeroportuaria y nos sentaron en unas sillas. Entre ellos se miraban, me señaban y se hablaban. Triplemente angustiado por la situación y la espera, llamé al guía (que aún seguía afuera del aeropuerto) para pedirle que hablara con ellos y les preguntara qué estaba pasando. Les puse a los policías al teléfono, dialogaron entre ellos, y luego, la traducción del guía me dejó de una pieza: Te van a deportar porque estás indocumentado.

Como a mi esposa no la estaban cobijando con la retención, porque ella sí tenía pasaporte, se fue nuevamente a la aerolínea a manifestar su inconformismo por no haber buscado de manera juiciosa el pasaporte en el avión, mientras que el guía, telefónicamente, les insistía en que fueran a buscar mi documento para que no me deportaran.

Para ese momento, 3 horas después de haber llegado a Estambul, los policías me habían llevado a otra salita (esta vez de Migración Turquía) donde me reseñaron, me tomaron las huellas y me sacaron fotos, así como en las películas, y me hicieron firmar un documento que sabrá Dios qué decía porque estaba escrito en turco.

Después de ese momento me quebré, los ojos se me aguaron, me recriminaba por haber botado el pasaporte y por haber hecho ese viaje a pesar de mis nervios. Pensaba en los efectos que eso traería para mi hoja de vida, y peor aún, imaginaba la cantidad de cosas de las que podrían acusarme por el estado de vulnerabilidad en el que me encontraba en ese momento.

 ¡Llegó la luz!

En medio de la tensa situación trataba de explicarles a los funcionarios de Migración Turquía que yo era un ciudadano de bien, que en Colombia era periodista y que en este momento era funcionario del Gobierno, pero nada de eso sirvió.

De repente, y cuando ya mis esperanzas se desvanecían, sonaron al mismo tiempo mi celular y el teléfono de la salita donde estaba retenido: ¡El pasaporte había aparecido! Lo habían hallado debajo de mi silla del avión, donde siempre creímos que estaba.

Mi esposa llegó corriendo a donde me tenían y les explicó a los funcionarios que yo debía ir personalmente por el pasaporte, por lo que ella debió quedarse con ellos, como una especie de “prenda de garantía”.

Una vez en las oficinas de la aerolínea, me llevaron hasta otro lugar donde tenían mi documento. En el camino un funcionario de Turkish Airlines me miró y me dijo en inglés: “You are from Colombia, the land of Pablo”, que significa “eres de Colombia, la tierra de Pablo”, a lo que le respondí: “No, I’m from Colombia, the land of coffee, handicrafts, Juanes, Shakira and Falcao”, que traduce: “No, soy de Colombia, la tierra del café, las artesanías, Juanes, Shakira y Falcao”.

Como era de esperarse el “chistecito” del funcionario me indignó, y conociéndome hubiera sido capaz de dar otra pelea por el comentario de tan mal gusto, pero no dejé afectar mi felicidad al saber que estando al otro lado del mundo, en uno de los aeropuertos más grandes de Europa, donde hablan un idioma bastante extraño y donde estaba a punto de ser extraditado, mi pasaporte había aparecido. ¡Welcome to Turkey!

Por: Óscar Morales Orozco//@periodistamora// Periodista invitado Entre Ceja y Ceja.
Un texto original de https://actualidad.com.co/

para mas relatos visite https://actualidad.com.co/blog/category/relatos/