¿Y si no dejamos de pensar en una sociedad mejor?

Entre las enfermedades del mundo actual se encuentra la costumbre.  Acostumbrarnos implica instalarnos, acomodarnos y se corre el riesgo de dejar de soñar, de pensar; la mente entra en un estado de quietud, se adapta y se vuelve mediocre, ya no lucha por la verdad, deja de considerar que todo puede ser mejor de lo que se tiene.

Nos hemos acostumbrado a dejar que otros hagan las cosas por nosotros, perdimos la batalla de la creatividad, pareciera que eso de fantasear es de la niñez, planear es de la juventud y amargarse es de la adultez.

Es doloroso ver una sociedad estancada que se acostumbró a la maldad, es normal que te roben la paz, las ideas, la alegría, tus pertenencias materiales; es normal que hablen de ti negativamente y que te critiquen por hacer algo que otros no se atreven a hacerlo pero que es mejor desanimarte a decirte vamos por buen camino.

Ser idealista no es malo, deberíamos no avergonzarnos de serlo y promover esa magia de la mente que no para de maquinar y determinar que todo puede ser diferente, deberíamos ser inconformes, a tal modo que agradezcamos lo que somos y nos rodea pero que no perdamos la ruta constructiva de querer una sociedad mejor.

Hay que dejarnos orientar, poner los pies en la tierra, pero jamás matar el anhelo que emana desde el corazón como raíz de vida, hacer el bien, servir, planear para ayudar a otros, donde la satisfacción sea el ver a otros mejor.

Llegan por fin las tan esperadas elecciones presidenciales y no podemos dejar de soñar un país mejor, donde surjan oportunidades, no podemos enterrar la esperanza, no podemos acostumbrarnos más a la corrupción, debemos vencer los discursos de odio combatiéndolos con una palabra que genere vida fruto del amor. Apoyemos ideales no peleas personales con las que debe cargar el pueblo, creamos una vez más, permitámonos querer, visionar y construir un entorno mejor, para que este capítulo de la historia que dejaremos para que otros lean en la posteridad sea una motivación para las futuras generaciones.

Joven al hacerte adulto, aprende; procura ser sabio, pero no confundas seriedad con amargura, responsabilidad con falta de alegría, madurez con incapacidad de soñar.

Adulto, recupera tu capacidad de asombro, juega como niño aunque tu cuerpo se canse y no te acostumbres a dejar pasar cada día sin llenarlo de motivos para contar a futuro o para ser recordado.

*Columna de opinión | John Fredy Arenas García | Joven rionegrero, docente de Filosofía y Educación Religiosa, apasionado por los medios de comunicación; un líder, con espíritu de servicio, sentido de fe, entusiasta y soñador, que hizo de sus aliadas, a las letras para expresar junto con ellas ideas que busquen crear conciencia de respeto social.

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