Opinión: Sentir como propia, la empresa que me acoge

Todos añoramos poder encontrar un empleo en el que nos podamos aplicar lo que sabemos, sentirnos plenos, proyectarnos y tener la posibilidad de crecer.

No hay duda que pasamos mucho tiempo de nuestra vida dedicándonos al trabajo, poniendo nuestra inteligencia, creatividad y voluntad al servicio de una organización que nos acoge esperando que nosotros demos lo mejor.

Los empleados somos siempre dados a buscar nuestro bienestar, pero es nuestro deber procurar también el bienestar de la empresa de la que hacemos parte. El crecimiento en este sentido es colectivo, cada uno aporta con su esfuerzo al ideal general de la organización.

El problema es que muchos no sienten como suya la institución a la que pertenecen, solo buscan entregar un mínimo aporte pretendiendo recibir muchos beneficios, eso es falta de compromiso.

Hoy urge que cada profesional y demás personas que cumplen alguna función dentro de cada organización, se sientan comprometidos con su lugar de trabajo, siendo conscientes de que, mientras muchos salen a buscar un empleo, muchos de nosotros salimos de casa a nuestro segundo hogar, no comenzamos el día con la incertidumbre de para donde cojo, si no, que tenemos una motivación para emprender el traslado de nuestro hogar hacia nuestra otra familia.

Cada empresa debe garantizar las herramientas necesarias para que los empleados cumplan bien su función, permitirles poner todas sus capacidades al servicio de la organización, de igual modo debe velar por la estabilidad no solo económica mediante salarios justos de acuerdo a la responsabilidad confiada, si no cuidar también del estado emocional de quienes están al servicio desde lo individual del bien colectivo, si uno solo falla, nos afectamos todos, en la empresa, todos somos equipo.

Como empleados debemos identificarnos con la filosofía de la institución en la que estamos, arraigarnos tanto a su estilo que procuremos no manchar su nombre, porque el rostro de nuestra empresa somos nosotros, aquellos que la integramos, no solo damos signos de que pertenecemos a ella portando el uniforme, si no con nuestro estilo de vida.

Es un pensamiento egoísta e injusto, ese de pensar que si la empresa tiene pérdidas no nos afecta siempre que nos paguen puntuales, puesto que, si hay recorte de ganancias, se recortará el presupuesto y por ende habrá oficios de los que sebe prescindir.

Ayudemos a economizar, apaguemos las luces que en el día o noche no sean necesarias utilizar, no derrochemos agua, sintamos que el lugar nos pertenece, que es responsabilidad de todos el cuidado, cada uno respondamos por nuestro espacio. Procuremos tener en orden el lugar que ocupamos, demos un poquito más de lo que se nos pide, eso implica que no espero que me digan, sino que asumo resolver la inquietud si está en mis posibilidades. Si hay un piso húmedo por la lluvia y no lo han secado, seamos humildes, no pensemos que eso le toca a otros, eso es cuidar de los demás y evitar accidentes.

Preocupémonos por el dolor del compañero, no lo juzguemos, ayudémoslo si nos es posible, unos buenos días de corazón, tomarnos un café, colegiar tareas para que todo se de ágil y eficaz.
Cada uno somos una pieza del rompecabezas y si una sola se deteriora o se pierde, se estropea la obra, se pierde el trabajo.

¿Cuál es la invitación? algo sencillo, construyamos juntos sociedad desde nuestras familia y lugar de trabajo. Querámonos mucho y velemos por el bienestar de todos.

*Columna de opinión | John Fredy Arenas García | Joven rionegrero, docente de Filosofía y Educación Religiosa, apasionado por los medios de comunicación; un líder, con espíritu de servicio, sentido de fe, entusiasta y soñador, que hizo de sus aliadas, a las letras para expresar junto con ellas ideas que busquen crear conciencia de respeto social.

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