Opinión: Si fuéramos capaces de decir gracias

Recuerdo que de niño mi mamá me solía decir: mijo, que nadie que se encuentre con usted sea menos bueno por su culpa, procure ser bueno y haga el bien; a la par que mi papá agregaba, sea agradecido con todos, usted no sabe cuándo vuelva a necesitar de los demás.

Traigo a la mente éstas palabras porque algo que me decepciona de la humanidad es la incapacidad de agradecer, todos en la vida nacimos para servir, cada quién lo hace en su estilo: unos barren, otros limpian, otros conducen, otros hablan por micrófonos, otros escribimos, enseñamos en las aulas y los que son papás y mamás además ofrecen a la sociedad a sus hijos. A pesar de que quizá uno pague por un producto o servicio, siempre será necesario expresar gratitud por lo que nos brindan, la atención.

Desde niños debemos aprender que no somos superiores a los demás en dignidad solo por un puesto en alguna empresa, o que estar en un carro de alta gama nos da el derecho de mirar por encima del hombro casi de manera humillante a los otros, si bien nadie es indispensable en la vida, si se debe reconocer que somos necesarios, eso que hago hoy, lo puede luego hacer otro, y seguramente antes de que yo lo hiciera, otros ya lo hacían. Hoy responsabilidad debo hacer mi trabajo y dirigir a los demás con espeto.

Recuperemos la bella necesidad de expresar la gratitud: mamá, papá, gracias por permitirme nacer, por cuidarme y esforzarse para que a mí no me faltara lo necesario; gracias al tendero por abrir temprano para que en el intercambio de dinero por un producto ambos saciemos nuestras necesidades, gracias al señor conductor por madrugar y conducir sigilosamente para que yo llegue pronto y bien a mi destino, gracias a mis maestros por su paciencia y donación constante en cada clase donde ofrecieron nos solo su conocimiento si no su ejemplo, gracias al sacerdote por administrarme los sacramentos, a mis amigos por su amistad, a mis compañeros de trabajo por su disciplina y empeño para que todo salga bien; quien lo creyera, elementos como estos construyen un entorno de paz.

Si solo fuéramos capaces de decir gracias, seguro subiríamos los ánimos de muchos que se sienten no sirven para nada, expresaríamos el valor de cada profesión u oficio que otros también desempeñan y enaltecen con su compromiso.

Un gracias de corazón genera motivación, nos recuerda que eso que hacemos vale la pena, es necesario.

Hay personas que hacen sentir mal al otro mandándolo mientras le compra algo o le pide tanquear el carro, pero ese también en su trabajo es otro sometido, si nos concientizamos que cada uno servimos a los demás desde el lugar donde estamos, aprenderemos a valorar al otro y su esfuerzo, de ahí que hay que tratar al otro como quiero ser tratado.

Gracias por tomarte tu tiempo y leer éstas líneas.

*Columna de opinión | John Fredy Arenas García | Joven rionegrero, docente de Filosofía y Educación Religiosa, apasionado por los medios de comunicación; un líder, con espíritu de servicio, sentido de fe, entusiasta y soñador, que hizo de sus aliadas, a las letras para expresar junto con ellas ideas que busquen crear conciencia de respeto social.

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