Opinión: Apostémosle a ser éticos, no moralistas

El punto de encuentro de la humanidad, considero, debe ser la apuesta por la persona. Debemos por tanto unir esfuerzos para luchar por el bienestar de todos, venciendo los prejuicios y buscando hacer el bien a todos, venciendo lo superficial, poniendo nuestra mirada en lo esencial, el respeto por la dignidad de los demás, tanto como la nuestra propia.

Culturalmente somos muy moralistas y desde allí lanzamos juicios, determinamos que es lo bueno y lo malo en general como una categoría universal, y no está mal pero tampoco del todo bien. Está bien en la medida en que hay situaciones que no son negociables, por ejemplo: matar es malo, por encima de todo está la vida, como Don de Dios (para los que somos creyentes) pero también como derecho partiendo de un concepto universal, todos tenemos cabida aquí.

Hay otras realidades que deben ser no cuestionables y partir del respeto por la diferencia, solo por mencionar: el gusto por la música, el arte, el pensamiento, la religión, la opción profesional, la preferencia sexual, los colores favoritos, la pasión por algún deporte, incluyendo la afición por algún grupo específico, cuando comprendamos esto de corazón seguramente dejaremos de atacarnos y de matarnos, como lo he dicho en otro momento: No debo juzgar a nadie solo porque hace cosas que yo no haría.

El mayor acto de responsabilidad social es que aprendamos a aceptar al otro tal cual es, conozcamos su realidad, le brindemos nuestra amistad sincera y en lo que podamos apoyar lo hagamos con honestidad y no por quedar bien o sacar provecho de ello. Atrevámonos a amar, hagámoslo no de manera pasional como quien busca satisfacer su placer en el cuerpo del otro, sino que podamos tocar el alma de los demás y transformemos sus vidas sabiendo que a la par se transforma la nuestra.

La moral mal entendida lleva a lanzar juicios condenantes carentes de objetividad que disfrazados de la invitación de hacer lo correcto, lo que busca es obligar sin caridad a que nos matriculemos con un esquema determinado coaccionando la libertad de elección.

La ética nos mueve a conocer el bien y el mal, y de ahí entender que es lo que más conviene, no siendo laxo, pero si siendo libres, partiendo de nuestras convicciones y asumiendo compromisos que nos implica de manera voluntaria a ser coherentes entre lo que pensamos, decimos y hacemos.

Ojalá seamos capaces de ver la bondad que hay en cada persona, dar un salto de fe y creer en el otro, aprendiendo de sus errores y motivándolo para que no se rinda, seamos partidarios de enseñar a amar la vida, todas las vidas deben ser valoradas, todos estamos llamados a hacer el bien.

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Dejemos de juzgarnos, busquemos ayudarnos, cada quien está librando su propia batalla interna, afronta desafíos distintos y finalmente lo que busca es su felicidad mediante la realización personal, siguiendo sus corazón, buscando hacer las cosas bien como cree que es la forma correcta, el riesgo es que en el camino podemos perdernos, es ahí donde necesitamos manos amigas que nos sujeten y nos acompañen para recuperar la ruta, pero el peligro es mayor si sujetamos la mano incorrecta, la misma que parte no del entendimiento de la realidad ajena, si no de obsesión personal de hacer que todos pensemos como su mente lo hace.

Por favor, ayudémonos a crecer, respetemos a los demás, querámonos mucho, unamos esfuerzos, salvemos vidas, orientemos almas para que ningún corazón deje de latir porque se siente condenado.

Todos somos buenos, aunque a veces nuestros actos sean malos, si nos equivocamos, pidamos perdón, entendamos que vivir es una búsqueda.

¡Seamos felices!

*Columna de opinión | John Fredy Arenas García | Joven rionegrero, docente de Filosofía y Educación Religiosa, apasionado por los medios de comunicación; un líder, con espíritu de servicio, sentido de fe, entusiasta y soñador, que hizo de sus aliadas, a las letras para expresar junto con ellas ideas que busquen crear conciencia de respeto social.

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