Opinión: ¡Es hora de perdonar!

Considero que de las cosas más duras que hay en la vida es perdonar, de esto sí que sabemos los colombianos y de manera especial, la gente de nuestra región del Oriente Antioqueño.

La libertad que respiran las montañas de mi tierra, hubo un tiempo en que no estaba por causa de la guerra que fruto del egoísmo disfrazado de bien común, destruyó municipios y con ellos, tradiciones, familias, sueños, pero no se borró la esperanza, esta última radica en la posibilidad de que todo será mejor, y que las pesadillas no son para siempre, son solo episodios.

Hoy fruto de esa esperanza es que como país creemos que las cosas pueden cambiar pero, ¿Cuál es  el problema?, el problema es que estamos esperando a que los otros cambien, se nos olvida que somos los otros de los demás, es decir, el cambio comienza en cada uno de nosotros, todo es cuestión de actitud.

Se silenciaron los fusiles y ahora el ruido lo hace la corrupción, es por eso que la guerra de siempre y la guerra de la paz han creado cortinas de humo poniéndonos de  nuevo unos en contra de otros y así no nos permiten pensar en que es lo que auténticamente nos conviene.

Se nos olvidaron los principios de nuestra fe, esa misma que habla de misericordia y nuevas oportunidades, esa que nos dice que si te pegan en una mejilla pongamos la otra y sigamos adelante, esa que nos dice que debemos amar al prójimo, la misma que se fundamenta en la justificación del error del ignorante por medio de ese amor que se hace razón para perdonar y procurar ayudarnos a mejorar unos con otros.

La paz no llega por decreto, la paz no se logra con firmas, la paz se logra con un cambio de actitud que es fruto de una sanación interior que se ha dado por haber dado ese paso heroíco de perdonar, y perdonar no es olvidar, es recordar sin dolor, sin desear el mal, teniendo presente que trato al otro como quiero ser tratado y que ninguno está libre de equivocarse.

Seamos inteligentes y no nos dejemos influenciar por aquellos que ven en la guerra la oportunidad perfecta para distraernos y seguir robando, tenemos que avanzar e ir superando las dificultades del camino. Perdonemos para que seamos libres, el odio solo nos encadena y así jamás podremos avanzar.

No armemos una guerra en nombre de la paz, porque entonces, lo único que hemos hecho es cambiarle el nombre a la misma acción de violencia de siempre.

El perdón alivia el alma, el perdón ayuda a recuperar sueños, perdonar no implica que todo sea como si nunca hubiese pasado nada, el perdón nos lleva a ser justos, a ver en el otro ya no su error si no su bondad y quizá no ser los mejores amigos, pero al menos nos damos la oportunidad de dormir tranquilos.

El perdón no nos exonera de las consecuencias de nuestros actos, es por eso que aunque como personas perdonemos, el sistema de Justicia sí debe garantizar un trato de respeto por la vida humana y acorde para saldar el acto negativo. No se debe premiar a quien no ha hecho méritos. ¡Lo único que deseo es que dejemos de matarnos!

Si no perdonamos, no nos mata un arma, seguro nos mata el veneno que guardamos en el interior por no saber hacer un acto de amor por aquel que nos hace el mal.

*Columna de opinión | Jhon Fredy Arenas García | Joven rionegrero, docente de Filosofía y Educación Religiosa, apasionado por los medios de comunicación; un líder, con espíritu de servicio, sentido de fe, entusiasta y soñador, que hizo de sus aliadas, a las letras para expresar junto con ellas ideas que busquen crear conciencia de respeto social.