28 May, 2024
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Tragedia en Rionegro, crónica de una explosión anunciada

Tragedia en Rionegro, crónica de una explosión anunciada
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La explosión se oyó en todo Rionegro. Fue un estruendo tan fuerte que hizo temblar las ventanas y los corazones. La gente salió a la calle, asustada y curiosa, a ver qué había pasado. Algunos ya lo sabían, o lo sospechaban. Era la casa de los Vallejo, una familia que tradicionalmente se dedicaba a la pólvora.

Los Vallejo llevaban años en el negocio de la fabricación y venta de cohetes, voladores, totes y otros artefactos pirotécnicos. Era una tradición familiar que habían heredado de su padre, un hombre audaz y emprendedor que había llegado a ganarse la vida con un cargamento considerable de pólvora y sueños. Los Vallejo eran conocidos y respetados por su trabajo, pero también temidos y denunciados por su peligrosidad.

Muchas veces la policía había intervenido en su casa, que estaba al lado de la gasolinera del Alto de la Capilla, y les había confiscado el material explosivo. Los Vallejo se habían mudado dos cuadras más arriba, a una cuadra de Tigo-UNE, y habían puesto una fachada de zapatería, pero seguían con su actividad clandestina. Incluso tenían un lugar secreto tipo bunker para esconder la pólvora cuando venía la policía.

Pero esa mañana algo salió mal. Tal vez fue un descuido, un cortocircuito, una chispa. Nadie sabe con certeza qué provocó la explosión que acabó con la vida de uno de los Vallejo y dejó heridos a otros quince. Lo cierto es que fue una tragedia anunciada, que todos veían venir pero nadie pudo evitar.

La crónica de una muerte anunciada se convirtió en la noticia del día, que sonó estruendosa en las redes sociales, brilló en las páginas de los periódicos y movió el piso de muchos de los habitantes de Rionegro. El Municipio quedó conmocionado y dividido entre la compasión y el reproche. Lo que un día empezó como un sueño, terminó en tragedia; y lo que comenzó con reconocimiento, terminó en condena. Su casa quedó reducida a escombros y cenizas, en el barrio, después del hecho, lo único que se escuchó fue “el que juega con fuego”…

(Este escrito recoge los testimonios de los vecinos que presenciaron la explosión y que prefieren mantener su identidad oculta. Algunos de ellos eran amigos o clientes, otros simplemente vecinos. Todos coinciden en que la pólvora era el secreto mejor guardado y peor llevado de la familia).