1 February, 2023
Elecciones 2022 Opinión

Las narrativas de odio y la campaña sucia ponen en riesgo la democracia del país

Las narrativas de odio y la campaña sucia ponen en riesgo la democracia del país

“Nos encontramos en un momento verdaderamente álgido para el país. En esta carrera electoral, a pocos días de las elecciones, los discursos se están llenando de estrategias difamadoras y los políticos generan artimañas que buscan anular a la competencia. Estamos ante una guerra sucia que no solo deja pocos espacios para el debate, sino que hoy pone en riesgo nuestra democracia.

Los ciudadanos se han quedado por fuera, los discursos y los debates en lugar de centrarse en las propuestas y en la construcción de país crean tesis absurdas que deslegitiman candidaturas, distorsionan realidades y reducen la legitimidad de las afirmaciones. Engañan al público. Desde un ojo crítico, esta situación está generando una mayor desconexión entre nosotros, la ciudadanía, y nuestros dirigentes – o, en este caso, posibles dirigentes-, pues estos últimos no responden ni a los intereses, ni a los sentires ni a las necesidades que tiene el país después de dos años de pandemia, un estallido social y múltiples problemáticas que aún debemos abordar.

Al escoger a un candidato, a través del voto, estamos aprobando un plan, estamos depositando nuestros ideales y sueños en una promesa. Este es el sentido de la democracia. Sin embargo, solo nos toma 10 segundos escoger al indicado. Privilegiar las campañas sucias reduce las posibilidades de fortalecer nuestras instituciones, pues el voto comienza a reflejar artificios creados por los candidatos en su campaña electoral.

Sin embargo, la responsabilidad de las estrategias utilizadas en campaña no solo recae en el candidato, sino también en su equipo, en los líderes de opinión, en los medios de comunicación y, particularmente, en los consultores políticos. En la actualidad, menos del 10% de los ciudadanos consumen contenidos políticos y prefieren reducir y generalizar la categoría política a imaginarios: corrupción, trampa, aprovechamiento, abuso de poder, entre otros. Es por esta cifra que debemos reconocer el rol que tenemos, como consultores, frente a las consecuencias y las reacciones que pueden provocar los discursos de odio y las estrategias del “todo vale” en nuestro electorado.

Los discursos de odio y violencia no nos permiten avanzar en la construcción de una verdadera paz al interior de nuestro país, impiden la creación de lazos comunitarios y tanto la construcción como la reconstrucción de un tejido social. En un país que ha sufrido más de sesenta años violencia, este tipo de discursos pueden llevarnos a más violencia. Por esta razón es indispensable hacer un llamado para bajar el tono del debate electoral y dedicarnos a lo verdaderamente importante, la construcción de una Colombia mejor.

El rol del consultor tiene grandes implicaciones en los procesos democráticos y en la vida de los ciudadanos. En este sentido, debemos hacer un llamado a nuestro código de ética. Un comportamiento ético nos permite la credibilidad, el respeto y la confianza en nuestro gremio. Recordemos que nos hemos comprometido, como consultores, a la honestidad. Seamos íntegros en las actividades que realicemos. Pero también, y con mayor fuerza, a la profesionalización de la comunicación política, a la investigación rigurosa y al trato justo. Esto es más que una victoria, tenemos una obligación con nosotros mismos, con los ciudadanos y con los partidos políticos.

Volvamos a lo importante. Sabemos que los ciudadanos le piden al marketing político transparencia, responsabilidad y seguridad. Respetemos estos deseos y construyamos un debate que apele a las propuestas, a la construcción de país. Las preguntas son: ¿cómo conquistamos votos? ¿cómo hacer que me prefieran? Deben seguir siendo nuestra guía. Pero apelemos a estrategias de campaña que nos permitan conocer, verdaderamente, el cerebro, el corazón y el estómago de nuestros votantes, no los sentimientos que motivan la diferencia y segmentación entre la sociedad.

Nuestra tarea es despertar en los ciudadanos una posición crítica hacia lo político, crear redes de confianza y demostrar que podemos pensar en un mismo modelo de país. Suena difícil, pero es importante comenzar a preguntarnos ¿cómo crear conciencia y responsabilidad ciudadana? ¿desde la consultoría podemos usar mecanismos de comunicación – sin caer en relativismos- que permitan la comprensión y la adopción con el electorado? Ciertamente sí. Pero debemos respetar los límites visibles y, aún más, los invisibles, entre persuasión informada y persuasión manipulada. El uso de estrategias de neuro comunicación y neuro oratoria, por ejemplo, permiten desmitificar la polarización, los blancos ideológicos, las posturas radicales, la corrección y anulación política y la creencia maniqueísta de “Si no estás conmigo, estás contra mí”.

Por : Nury Astrid Gómez – Consultora y docente en Comunicación Política. Alejandra Arboleda – Consultora y docente en Comunicación Política. Maria Antonia Barney – Estudiante de Ciencia Política.