A veces los sueños despegan en silencio. Entre jornadas eternas, sacrificios económicos, rifas, tamales, lasañas y noches de incertidumbre. Y cuando finalmente aterrizan, lo hacen en forma de lágrimas, abrazos y flores, como ocurrió esta semana en un vuelo entre Medellín y Bogotá que terminó convirtiéndose en una escena imposible de olvidar.
La protagonista de esta historia es Diana Murillo, una mujer conocida en el Oriente antioqueño por su sencillez, humildad, carisma y espíritu trabajador. Diana, funcionaria de la Secretaría de Hacienda de la Alcaldía de El Santuario, jamás imaginó que aquel viaje rumbo a Cartagena terminaría convirtiéndose en uno de los momentos más importantes de su vida.
“Estaba demasiado desprevenida”
Todo ocurrió cuando abordaba un vuelo desde el aeropuerto José María Córdova con destino a Bogotá. Diana viajaba tranquila, desprevenida, incluso comiendo maní mientras esperaba el despegue.
“Estaba demasiado desprevenida, comiendo maní, no me esperaba ese mensaje”, le contó entre risas y emoción a Entre Ceja y Ceja.
Pero detrás de la puerta de la cabina la esperaba el momento que resumía años enteros de esfuerzo familiar.
Su hijo, José David Amariles, recién ascendido a capitán de LATAM Airlines, la recibió con un ramo de flores en las manos.
La sorpresa paralizó por segundos a Diana. Luego vino un abrazo largo, profundo, sincero. De esos abrazos donde caben todos los sacrificios que nadie vio.
Una carrera construida con sacrificios
Para José David llegar a la silla izquierda de mando no fue un camino sencillo. Durante más de cinco años se desempeñó como copiloto mientras acumulaba horas de vuelo, experiencia y requisitos técnicos para poder ascender a capitán.
Pero detrás de cada hora en el aire había también una madre luchando en tierra.
“Es un orgullo muy grande. Es una bendición muy grande porque fue una carrera con mucho sacrificio donde trabajamos demasiado. Vendí todo lo que tenía, hicimos tamales, lasañas, de todo, para sacarlo adelante, y verlo un capitán es una bendición muy grande”, relató Diana con la voz entrecortada.
La historia de esta familia cejeña es también la historia de cientos de hogares colombianos donde los sueños profesionales no nacen del privilegio, sino del trabajo silencioso y la persistencia.
“Gracias a su esfuerzo hoy puedo cumplir mi sueño”
La emoción no terminó allí.
Minutos después, ya con los pasajeros a bordo, el capitán José David Amariles tomó el altavoz del avión y sorprendió a todos con un mensaje dedicado a su madre.
“Quería aprovechar este momento para contarles que hoy es un día muy especial e importante para mí, ya que es la primera vez que mi mamá viaja conmigo y además puedo acompañarla en un vuelo donde tengo la oportunidad de ser su capitán”, expresó.
Y luego vino la frase que terminó quebrando a muchos dentro del avión:
“Agradecerle profundamente porque gracias a su apoyo y a todo su esfuerzo hoy puedo estar acá cumpliendo mi sueño de volar”.
Los pasajeros respondieron con aplausos mientras Diana intentaba contener las lágrimas.
Una historia que emociona al Oriente antioqueño
Tanto Diana como José David son oriundos de La Ceja, un municipio donde esta historia ya comienza a conmover a cientos de personas que se sienten reflejadas en una madre trabajadora y un hijo que logró alcanzar el cielo sin olvidar de dónde vino.
Porque detrás de cada uniforme, de cada ascenso y de cada cabina de mando, muchas veces hay una mamá que vendió lo poco que tenía para que un hijo pudiera volar.
Y esta vez, literalmente, voló con él.


