23 March, 2023
Informe especial Oriente Antioqueño

Una tragedia que frustró un sueño

Una tragedia que frustró un sueño
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Dennis Darío Hernández, un cordobés de 58 años, que residía con su familia en la vereda Las Mercedes hace aproximadamente seis años y quien se dedicaba como muchos habitantes de este sector a la agricultura. El día de ayer, miércoles primero de febrero, se disponía junto con su esposa, su hija y su nieto, de tan solo nueve meses, a retornar a Tierraalta, al municipio cálido y acogedor donde había vivido casi toda su vida.

Durante su estancia en el Oriente Antioqueño había estado trabajando incansablemente en sus cultivos de pancoger, para poco a poco, ir construyendo una casa en su tierra natal, pues, en su cabeza siempre estuvo el deseo de retornar a esta.

Por fin lo había logrado.

Comenzaba a caer la noche en la vereda Las Mercedes ubicada en la autopista que comunica a los municipios de El Santuario y Marinilla. Dennis Darío y su familia terminaban de alistar su equipaje, extasiados por el afán de retornar, caminaron unos 10 minutos hasta la salida a la autopista. La cual, debían atravesar.

Esta, de lado a lado, tiene alrededor de 40 metros, No obstante, debido al alto trafico vehicular, a la velocidad con la que transitan los automóviles y a la falta de un puente peatonal, una cebra o un semáforo inteligente; las personas deben esperar el momento adecuado y cruzar corriendo para evitar una fatal sorpresa.

Muchas veces Dennis había logrado cruzar sin complicación alguna. Aquel día, quizá era la última que le tocaría transitar este complicado tramo.

Estaba a 40 metros de coger el autobús que lo embarcaría a su nueva vida. Su esposa y su hija venían un poco atrás, con su pequeño nieto entre los brazos creyó ver una buena oportunidad para cruzar. Quizá por la ansiedad, quizá por la emoción quizá por el destino.  Antes de llegar a la acera se toparía de frente con la muerte.

Con su ultimo suspiro trato de proteger a su nieto, sin embargo, por la velocidad a la que se produjo la colisión, cualquier esfuerzo era completamente inútil.

Lo último que oyó fue el chirrido de los frenos, lo ultimo que vio fue la mirada inocente del infante y lo último que hizo fue intentar absorber el impacto. ¿Qué quedo? Un sueño que nunca podrá ser, Una familia con el alma rota y una consternación generalizada porque estos siniestros continúan ocurriendo.