Falleció por covid la «Hermana Alicia» religiosa conocida por su dones de sanación.

Hay luto en la Diócesis Sonsón-Rionegro a causa del COVID-19, pues ayer murió la fundadora de la comunidad Hijas del Fiat.

Se trata de la madre Alicia Echeverri Calle, quien fue fundadora de la comunidad Hijas del Fiat, y murió a causas del Coronavirus.

Como iglesia diocesana, en cabeza de Monseñor Fidel León Cadavid Marín, lamentamos la muerte de la madre Alicia Echeverri Calle, fundadora de la comunidad Hijas del Fiat, quien ha partido a la casa del Padre en la tarde de este viernes 25 de junio de 2021, a raíz de complicaciones por el Coronavirus”. Informó la Diócesis a través de un comunicado.

La madre Alicia nació en Medellín el 6 de agosto de 1933, en el hogar conformado por Roque Echeverri Montoya y Sofía Calle Arango. Fue religiosa de la Compañía de María Nuestra Señora, donde se desempeñó como educadora en varios colegios de la comunidad. Estuvo en la fundación de diferentes comunidades laicales e instituciones que trabajaban por la Evangelización.

En diciembre de 1996 fundó la Comunidad de las Hijas del Fiat, siendo obispo de la diócesis monseñor Flavio Calle Zapata. El 25 de marzo de 1998 recibió el hábito junto a otras 6 religiosas que iniciaban el proceso de vida en comunidad. La hermana Alicia realizó sus votos perpetuos el 7 de diciembre del año 2000.

Desde la Diócesis de Sonsón Rionegro reconocemos su dedicación en la propagación del Evangelio y su entrega total a la misión que Dios le encomendó. Oramos por su eterno descanso y pedimos al Creador que brinde consuelo a quienes entristece su partida, confiando en la esperanza de la Resurrección”. Concluyó la Diócesis.

Una religiosa reconocida en toda latinoamérica por sus poderes de sanación.

Fue conocida por ser citada en un best seller de Germán Castro Caycedo y su intervención para ser puente de liberación de una bruja, pues los dones del Espíritu Santo que recibió, siguen dando frutos en «Hijos e Hijas del Fiat».

Esta es la entrevista realizada en vida a la hermana Alicia, por un importante medio de comunicación especializado en la cultura católica a finales de 2014.

«Entre suaves lomas cubiertas de vegetación, en el municipio de San Vicente, distante a 45 minutos de Medellín (Colombia) se encuentra el Convento “Ave María”, casa madre del Instituto Hijos e Hijas del Fiat.

Fue en la vigilia del 31 de diciembre de 1996 cuando la Madre Alicia Echeverri Calle lideró la fundación de esta familia religiosa de explícito sello contemplativo y, quizás porque el Espíritu Santo ha regalado a esta religiosa particulares dones para enfrentarse con el ‘enemigo de Dios’, este cuerpo de consagrados hoy se definen como un “ejército aguerrido y valiente, revestido de la armadura de Dios” (cf. portal del Instituto).

La Madre Alicia se hizo hace años conocida más allá de las fronteras de Colombia porque es uno de los personajes destacados en el libro “La Bruja” del escritor Germán Castro Caycedo. Crónica que narra descarnadamente –en voz de sus protagonistas-, el estrecho vínculo que existe entre el narcotráfico, la política y el demonio… “Coca, política y demonio” según lo describe el propio autor.

La columna vertebral de la obra es el relato de “La Bruja” –citada con el pseudónimo “Amanda” por Caycedo- y el despliegue de la parafernalia infernal de su vida… que comenzaría a ser sanada y liberada por Dios cuando conoció a la Madre Alicia.

Sobre los dones que el Espíritu Santo le ha confiado en la lucha contra la acción ordinaria y extraordinaria del Demonio, sobre el libro, la Nueva Era, ángeles, magia y temas afines habla la Madre Alicia con la sabiduría y experiencia de Dios que ha vivido en sus ochenta años de vida…

¿Cómo y cuándo descubre usted que tiene dones de sanación?

Parto aclarando que… ¡todos tenemos dones! Nos los dio Dios cuando dijo «vayan impongan las manos, oren por los enfermos, liberen a los que están oprimidos». ¡A todos nos lo dijo! Algunos porque hemos tenido testimonios muy cercanos o porque acogimos en serio la palabra del Señor, hemos desarrollado mejor esos dones y los hemos ejercitado. No es que uno tenga nada especial, sino que la misma comunidad, nuestros conocidos, nos piden que oremos por ellos. Uno tiene que desconfiar de la persona que dice «yo tengo tal don y yo…». ¡No! Uno nunca proclama eso; por el contrario, uno muchas veces duda de tener dones, pero la petición continua de que esté orando como que le confirma a uno y, bueno, si el Señor me quiere utilizar, pues que me utilice.

¿Qué hacía usted en la Iglesia de San José cuando conoció a Amanda, la bruja?

Estaba con un grupo de oración en la iglesia, como tú dices, de San José. Era una asamblea grande y nos reuníamos para orar. Yo nunca la había visto. Se acercó a mí y me dijo: «Yo soy bruja y tengo un hermano muy enfermo. Dígame si me puede ayudar».

Ahí yo pensé, «¿Qué haría Jesús? Le ayudaría porque Él vino a salvarnos a todos». Y así nos encontramos las primeras veces, después nos hicimos muy amigas… ¡La quiero muchísimo! Ella, te lo puedo garantizar, que, si se equivocó llevando a algunas o a muchas personas a la brujería, ahora las lleva al corazón de Jesucristo.

¿Cree que este encuentro fue simple coincidencia?

No, no, yo creo que son providencias del Señor. A ella algunos sacerdotes ya le habían dicho que no tenían tiempo o, en fin, no la habían acogido. Yo estoy convencida de que todo lo que sucede es providencia del Señor porque el Señor nos ama y tanto la pequeña ayuda que yo le haya podido dar como la que ella me ha dado al igual que muchas personas, es bondad del Señor.

¿Cuál fue la primera impresión cuando la vio?

Pues ella es una mujer muy alegre, muy emotiva… ¿qué te dijera yo? Muy inteligente, de gran corazón. La primera impresión fue pues… la primera vez que una… que una… ¡una bruja se me acerca y me dice que la ayude! Vi que era que el Señor me la ponía en el camino para que le participara su misericordia. La acogí ¡sin juzgarla!

Los libros de historia consignan que la brujería ha existido durante miles de años, ¿por qué cree que en los últimos 100 años ha tomado fuerza?

Porque el hombre en su búsqueda de la felicidad, en crecientes dificultades, busca medios extraordinarios, desafortunadamente en este caso, ayudas que proporciona aparentemente el mismo demonio. Él nos hunde porque como él no nos ama, porque somos los herederos del trono que él perdió, entonces nos hace un bien pero para hacernos después un mal mayor. Muchas personas caen en ese tipo de prácticas (brujería) por ignorancia y sin medir la gravedad del personaje con el que se están metiendo. Los lleva a la ruina.

Usted en el libro de Germán Castro menciona la Nueva Era y dice que tiene directa relación con la brujería. ¿Cuál es la posición de la Iglesia Católica frente a un movimiento tan extendido como ese?

Yo leí un libro de la madre Basilea sobre el tema y me basta esta aseveración: «La Nueva Era quiere sacar a Jesucristo del centro de la historia». ¿Cómo? De muchas maneras que buscan relativizar el concepto de Dios hecho hombre, de Jesús salvador del mundo. La misma medicina alternativa tiene mucha relación con esto. Poner la finalidad de nuestra vida en tener salud y ya. A mí me parece que eso lleva a mucha egolatría. Algunas prácticas son directamente ocultistas, entonces sí, me atrevo a decir que la Nueva Era en general desdibuja nuestro ser cristiano.

¿Qué opina de los fieles de quienes se dice que trabajan con magia calificada como ‘blanca’?

No te lo niego, sí, hay quienes lo hacen. Pero la magia blanca es tan peligrosa como la magia negra, es lo mismo. El autor es el mismo: eso no es de Dios. Ni es de Dios la negra ni es de Dios la otra. Ambas trabajan con la misma entidad que es el maligno.

Si es algo que está mal y que es obra de Satanás, ¿por qué esa magia invoca, reza o alumbra algunos santos o en ocasiones al mismo Jesucristo?

Precisamente para despistar, entonces ahí tenemos la santería. Tú llegas a una parte donde hay una persona que trabaja, aparentemente, con muchos santos. Tú piensas: «esto es sagrado, es de Dios»… ¡Y son mentiras! pues bajo la apariencia, la figura de un santo, se está invocando a un demonio. Eso es despiste, astucia satánica.

La que fue bruja, Amanda, menciona mucho a los ángeles en el libro de Castro Caycedo. ¿Qué relación tienen con la brujería y con el cristianismo?

Se habla mucho hoy de los ángeles y que hay que recibirlos en la casa, y que el agua, la vela y no sé qué… No, la Biblia nos habla de San Gabriel, San Miguel y San Rafael y ya. Hay miles de ángeles, pero con nombres y con esa familiaridad con que los quieren tratar… Y que llegan a tu casa y que… No, no… ¡Eso es peligroso! porque sí son ángeles, pero caídos (los que son convocados en la brujería).

En el caso de una persona que la “estén trabajando”, es decir, que le estén haciendo brujería, específicamente magia negra, ¿cuál es la solución?

Definitivamente la solución no es la magia blanca u otra. La idea es llamar a alguien que ore limpiamente. Tú vas a conocer que la persona está con Dios si no te va a cobrar ni un centavo. Si te empieza a cobrar dinero ya no está con Dios.

Para terminar, ¿qué tal está hoy la vida de Amanda?

(Sonríe) ¿Qué hay de Amanda? Está acá, es una profesional, hace muchísimo bien, es un gran apóstol, busca los caminos del Señor con sinceridad. Yo diría que es una gran cristiana. Muy activa. Es muy inteligente, la quiero muchísimo.»