Elkin Villada: El panadero que vende buñuelos en bicicleta

A las 4 de la mañana abre su negocio. Diariamente vende cerca de 5 mil buñuelos.

Todos los días, desde muy temprano, un sonido característico se escucha en el pueblito de las bicicletas y las flores. Una bicicleta con un parlante incorporado, la voz de un joven se percibe, “buñuelos, pandequesos, almojábanas, calientico los buñuelos”. Los vehículos se convirtieron en tiendas ambulantes. En varios cajones de madera que fueron adecuados artesanalmente sobre estos, transportan los productos.

La Ceja es el municipio con mayor número de bicicletas en Colombia. Por sus calles planas y bien trazadas circulan cerca de 30 mil. Es por eso que, a falta de grandes vehículos, muchos negocios utilizan los caballitos de acero para la venta de sus productos, como es el caso de Elkin Villada Ortiz, un panadero de Guatapé que llegó a La Ceja hace 6 años y montó su negocio.

Elkin Villada como todo emprendedor tiene proyectos a futuro mostrando ser un ejemplo de constancia, dedicación y pasión para los comerciantes cejeños.

El panadero, de tez trigueña y contextura gruesa se alista para una nueva jornada. Se cuelga sus cadenas de plata, se pone su delantal blanco y su gorra. Abre su panadería cuando algunos intentan conciliar el sueño.

“Todo empezó primero porque me conseguí un trabajador que gritara, no tenía perifoneo, sino que gritaba, el salía y gritaba buñuelos, pandequesos. Entonces una vez se quedó ronco, sin voz ya de gritar, entonces ya le dije yo, que si quería fuéramos a un estudio e hiciéramos una grabación con la misma voz de él y esa es la grabación, desde los 16 años él la hizo y ya no tuvo que estar gritando tanto”, cuenta Elkin mientras pone a dorar el producto que lo dio a conocer.

Este emprendedor, que diariamente vende cerca de 5 mil buñuelos, comenzó su trabajo luego de una crisis económica. Como lo hacen cerca de 6 mil cejeños, Elkin inició su vida laboral en un cultivo de flores. Sin embargo, su paso por una de las empresas más estables de la localidad, Exportaciones Bochica se acabó, pues la Entidad quebró.

“Eso empezó cuando se acabó Bochica, yo trabajaba allá, y cuando salí, cambié el carro por un carrito de panadería y ya ahí empecé a hacer buñuelos. Yo hacía por hay 50 o 100 buñuelitos y eran más los que se quedaban que los que se vendían”, recuerda.

Las madrugadas en el cultivo le sirvieron para que su nuevo trabajo fuera más fácil. Todos los días a las 4 de la mañana, prepara la masa, prende el calentador y tiene listos los primeros buñuelos para que se vendan en el municipio.

El inicio fue duro. No tenía idea de cómo se hacían los buñuelos. “a mí me enseñó un panadero a hacer la parva y yo fui inventando, fui organizando las recetas hasta que di con el punto que era, y como les digo hay que ‘bregar’ antes a mejorarlos o mantenerlos así mismo”, dice Elkin, quien todos los días se pone su delantal blanco que tiene marcado con un escudo del Atlético Nacional, otra de sus pasiones.

Precisamente, eso lo motivó a crear un producto que se vende mucho, sobre todo, cuando el equipo está en alguna final, los buñuelos del Atlético Nacional, “eso se juntan las dos pasiones, la pasión por el verde y la pasión por los buñuelos que es lo que le da la comida a uno (…) hubo gente que dijo que esos buñuelos estaban malos o viejos porque los destapaban y que estaban verdes por dentro pero era gente que de pronto no entendía que era por lo del partido”, cuenta, mientras miraba su reloj de pared que marcaban las 4 de la tarde, pronto a finalizar una nueva jornada.

La venta de los buñuelos los alterna con visitas al Estadio. Sagradamente cada domingo acompaña el equipo de sus amores, incluso hasta los miércoles que el equipo juega la Copa Libertadores.

Lo que comenzó como un pequeño negocio se convirtió en toda una empresa, “acá trabajamos 10 personas, 4 en la calle en las bicicletas, otro en la moto repartiendo y acá adentro 4 o 5, más que todo es lo que vendemos acá y los muchachos en la calle”, cuenta Elkin quien comparte su trabajo con su compañera sentimental.

“En 10 años hay que bregar siquiera tener otras 2 bicicletas porque tampoco es cansar mucho la gente, porque la idea es que los muchachos pasen una sola vez por cada cuadra y no que la gente se vaya cansando”, dice sobre su estrategia y visión de negocio.

Elkin es consciente que la perseverancia es su mejor aliada. Empezó desde abajo y hoy no solo puede ganarse la vida, sino brindar empleo, en un país donde cada vez es más complicado emprender una empresa, “hay que meterle mucha moral y hay que ser constante”, le recomienda a quienes deseen crear una empresa.

Elkin seguirá amasando su vida todos los días, brindándole un buen servicio a sus clientes e implementando nuevas ideas, pues panaderías hay muchas, pero que sus productos se vendan en bicicletas, pocas.

Perfil periodístico por Santiago Bedoya / Universidad Católica de Oriente